En el chat del grupo
Cuarenta y un mensajes y ninguna fecha
Cuando Alberto terminó de lavar los platos, el chat llamado «Los setenta de papá» tenía cuarenta y un mensajes sin leer. Los leyó todos en orden, de pie junto a la encimera, con el paño todavía al hombro. Su hermana Sandra quería una sorpresa. Su hermano Felipe quería un restaurante, el que fuera. Alguien había subido la foto de un pastel con forma de barca de pesca. De la fecha no había hablado nadie.
Alberto abrió el calendario. El cumpleaños de su padre caía en miércoles, así que la fiesta sería el sábado siguiente, el diecinueve, porque el sábado anterior operaban de la vista a la tía Amparo y ella lo había dicho en ese mismo chat hacía nueve días. Subió para confirmarlo. Después escribió: «Sábado 19, a la una, en mi casa. Yo preparo la sopa de carne y las croquetas. Sandra: pastel. Felipe: recoge a la tía Amparo a las 12:15, no puede con las escaleras de la estación. Contesten sí o no antes del viernes». Lo leyó una vez por si había errores y lo mandó.
En menos de un minuto llegaron tres pulgares. Luego Sandra escribió: «¿Y si este año hacemos algo distinto? ¿Un paseo en barco? Jamás se lo esperaría». Alberto consideró el barco. Su padre se había mareado en un ferri en 2011; él recordaba la cara gris y la bolsa de papel. Tecleó «Se mareó en el ferri en 2011» y también lo mandó. Era cierto. Y ahí se quedó, en la pantalla, con todo el aspecto de una puerta que se cierra.
Sandra dejó de escribir. Más tarde le mandó un mensaje solo a él: «Es que estoy cansada de hacerlo todo siempre igual. Y estoy cansada en general, la verdad». Empezó a contestar «Podrías tomarte libre el viernes», lo borró y probó con «¿Qué es lo que te cansa?», que parecía la línea de un formulario. También lo borró.
Al final escribió: «Olvídate del pastel. Lo encargo yo. Ven a las doce y siéntate». Y añadió una línea a su propia lista: pastel, encargar antes del 12.