En el chat del grupo
La abrazadera de detrás de la lavadora
Cuando Víctor salió de la ducha, el chat de la familia tenía cuarenta y un mensajes nuevos. Subió hasta el principio. La lavadora de su padre había dejado un charco en el suelo del baño, y desde las ocho de la mañana su tía Luisa, su hermana Paula y dos primos lo estaban discutiendo. Luisa opinaba que la máquina tenía quince años y había que cambiarla. Paula había escrito tres párrafos largos sobre que papá nunca pide ayuda.
Víctor lo leyó todo en el pasillo. Nadie había dicho de dónde salía el agua. Escribió: «Papá, ¿por delante o por detrás? Manda una foto del suelo». Después dejó el teléfono en la repisa y se hizo unos huevos.
La foto llegó once minutos más tarde, algo movida, con la zapatilla de su padre en una esquina. Agua debajo de la pata trasera izquierda. Entonces no era la goma de la puerta. Probablemente la manguera de desagüe, o la abrazadera que la sujetaba. Empezó a escribir «Es una abrazadera, nadie tiene que comprar nada» y lo borró, porque todavía no había visto la abrazadera y no le gustaba equivocarse por escrito. Mandó: «No encarguen nada. Voy a las 4».
Paula le escribió aparte. «Lleva una semana secando ese suelo sin decírselo a nadie. Una semana, Víctor.» Lo leyó dos veces. Parecía un dato sobre los plazos, así que contestó: «Entonces la fuga es lenta. Buena señal». Ella le devolvió un punto, solo. Él se quedó un rato mirando el punto y no logró averiguar qué quería de él.
A las cuatro estaba de rodillas detrás de la lavadora con una linterna entre los dientes. La abrazadera estaba comida por el óxido. La cambió por una del frasco que llevaba en el coche, puso un programa corto y vio que la manguera seguía seca. Su padre trajo té y se quedó en la puerta, sin decir mucho él tampoco. Víctor sacó una foto del suelo seco, la subió al chat sin texto y se quedó a cenar.