En el chat del grupo
Una tarjeta de despedida para don Alfonso
«¿Alguien ha pensado en el viernes?», escribió Isabel en el chat del personal a las 7:50. El viernes era el último día de don Alfonso después de veintiséis años en contabilidad, y hasta el momento el único plan era que no había plan.
En menos de una hora ya tenía uno. A Teresa, que dibujaba de maravilla y jamás lo mencionaba, le pidió que diseñara la tarjeta. El regalo lo elegiría Héctor, porque era el que almorzaba con don Alfonso y sabía que restauraba radios antiguas. A Camila, la última en llegar, que no había escrito una palabra en el chat desde su incorporación, le escribió directamente: «Tú trabajaste en una pastelería, ¿verdad? ¿Nos dices qué pastel encargar? Me fío más de tu gusto que del mío». Camila contestó a los cuatro minutos, con tres opciones y una advertencia sobre las nueces.
Todo lo demás le tocó a Isabel, porque se había ofrecido. Recoger el dinero. Perseguir a las nueve personas que dijeron «sí, claro» y luego no pagaron. Reservar la sala, pedir platos prestados. El jueves a las once de la noche estaba cortando cinta, y su propio informe para el lunes seguía intacto en el bolso.
El viernes salió bien. Don Alfonso tuvo en la mano la válvula de radio que Héctor había encontrado y durante un momento no pudo hablar. La gente elogió la tarjeta y el pastel de nueces con nombre y apellido. Teresa se puso colorada. A Camila le preguntaron, dos veces, dónde había aprendido tanto de repostería, y se quedó conversando mucho después de la hora a la que normalmente se habría escabullido.
Después el chat se llenó. «¡Qué tarjeta, Teresa!» «¡Héctor, vaya regalo!» «¡¡Camila, el pastel!!» Isabel lo fue leyendo en el autobús, sonriendo, y siguió bajando por la pantalla un poco más de lo necesario. Nadie le había dado las gracias a la persona que había hecho la lista. Le dolió más de lo que le habría confesado a nadie, y le molestó descubrirse llevando la cuenta. Escribió «Qué bien que saliera todo», y luego añadió una segunda línea que normalmente no habría mandado: «Fue mucho trabajo, la verdad. La próxima vez me encantaría organizarlo con alguien. ¿Quién se anima?».